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Diagnóstico
La pieza de fuera

La antena exterior para cobertura móvil: cuál, dónde y hacia dónde

La antena es la pieza que más se ve y la que menos se entiende. No es un adorno del tejado ni un aparato mágico: es el sitio por donde entra la señal, y casi todo el resultado de una instalación se decide en los treinta centímetros donde se coloca y en los grados hacia los que se orienta.

Una antena sola no le da cobertura a tu móvil

Es el malentendido más caro de este oficio, y conviene despejarlo antes de nada. Una antena exterior recoge señal, pero tu teléfono no tiene dónde enchufarla. Para que sirva hace falta que lo que recoge se devuelva al aire dentro de la casa, y eso lo hace el amplificador, que es la pieza que emite y la que necesita la autorización del operador. Antena sin amplificador es un palo en el tejado.

La otra cosa que se llama «antena 4G» es la que se enrosca a un router con tarjeta SIM. Eso es otro producto, es internet para la casa y no es lo que hacemos: nosotros no instalamos routers ni creamos redes WiFi.

Direccional u omnidireccional

Una antena omnidireccional escucha en todas las direcciones a la vez. Es cómoda porque no hay que apuntarla, y es peor en casi todos los casos que nos encontramos aquí: escucha por igual la estación buena y todo el ruido de alrededor. Una direccional —de tipo yagi o de panel— escucha en un cono estrecho. Apuntada a la estación correcta oye mucho más y oye mucho menos ruido, que son las dos cosas que hacen falta.

Por eso el trabajo no es «poner una antena» sino encontrar hacia dónde. Se hace con un medidor en el tejado, girando despacio y anotando qué estación aparece en cada orientación. En un pueblo de sierra la mejor respuesta suele estar en la dirección opuesta a la que dice el sentido común: no hacia la estación más cercana, que está detrás de la roca, sino hacia otra que está a la vista aunque esté al doble de distancia. Una señal débil y limpia sirve; una fuerte y rebotada no.

La altura, el cable y el viento

  • La altura. Subir la antena por encima del caballete del tejado y por encima de la casa del vecino cambia el resultado más que cambiar de modelo de antena. Lo que se busca es la línea de vista, no los metros por sí mismos.
  • El cable. Todo metro de coaxial pierde parte de lo que la antena había ganado, y en las bandas altas pierde más. La instalación se piensa para que el recorrido sea el más corto posible, no para que el aparato quede donde es cómodo enchufarlo.
  • La sujeción y el viento. Aquí sopla levante y sopla poniente. Una antena que se mueve unos grados deja de apuntar donde se ajustó, y la instalación se degrada sola en un par de meses sin que nadie sepa por qué.
  • La toma de tierra. Se pone un elemento metálico alto en el punto más alto de la casa: se conecta a tierra y se protege la bajada. No es opcional.
  • La separación entre la antena de fuera y la de dentro. Si se oyen entre ellas, el conjunto se realimenta y deja de funcionar. Es una de las razones por las que un equipo comprado y colocado a ojo suele no dar resultado.

Dónde se pone la antena según cómo sea tu casa

El trabajo no es el mismo en un chalé que en un cuarto piso. Cambia dónde se coge la señal, cuántas antenas hacen falta dentro y —esto sorprende a mucha gente— a cuánta gente hay que pedirle permiso.

En un chalé de urbanización. El tejado es tuyo, así que decides dónde va la antena y hacia dónde mira: es la mitad del trabajo, y es el caso más fácil. Lo que suele complicarlo es otra cosa. Las urbanizaciones se construyen de una vez y en las afueras, todas las casas tienen la misma altura —ninguna tapa a otra, pero ninguna sube por encima del resto—, y entre la planta baja y la primera hay un forjado de hormigón con hierro dentro, que es lo que corta la señal entre plantas. Por eso la antena interior suele acabar en el hueco de la escalera o en el recibidor: desde ahí cubre las dos. Conviene mirar antes las normas de la urbanización, porque algunas dicen qué se puede ver desde la calle.

En un piso. Aquí hacen falta dos permisos, no uno. No hay tejado propio: el sitio donde se coge la señal es la fachada, tu terraza o la azotea comunitaria, y la azotea es un elemento común. Además de la autorización del operador hay que pasar por la comunidad de propietarios, y el cable no puede ir por donde le apetezca. Lo decimos antes de cobrar el diagnóstico, porque es el paso que más veces retrasa una instalación en bloque. A cambio, aquí la señal de fuera suele ser buena: el enemigo no es la distancia, es el hormigón de los tabiques y, en obra reciente, el cristal con capa metálica de las ventanas, que refleja la señal igual que refleja el calor. En un piso interior o en una planta baja el efecto se nota el doble.

En una casa de pueblo entre medianeras. Es larga, estrecha y pegada a las de al lado por los dos costados, así que la señal solo puede entrar por la fachada de la calle y por el patio de atrás. El salón que da a la calle suele ir bien; la cocina y los dormitorios del fondo, no. Los muros de carga antiguos, de ladrillo macizo o mampostería, se comen bastante más señal que un tabique moderno, y una calle estrecha tapa la vista a ras de suelo aunque desde el tejado se vea perfectamente. Aquí lo normal es que haga falta más de una antena interior, porque una sola no llega de la fachada al patio.

En una casa de campo aislada. Es donde más veces decimos que no. Fuera del casco la estación más cercana puede estar a varios kilómetros, y lo único aprovechable suele ser la banda de 800 MHz, que llega lejos pero llega gastada. El mástil a veces tiene que subir por encima del tejado para pasar por encima de un bancal o de una fila de árboles, la toma de tierra y la protección contra el rayo dejan de ser un detalle, y la corriente no siempre es estable: es la única situación en la que recomendamos de verdad la batería de respaldo. Y es también donde más veces el diagnóstico termina en que no hay nada que amplificar: si en el tejado no hay señal, no la fabricamos.

Esto describe los cuatro casos que más nos encontramos por aquí, no una regla: hay casas que son las cuatro cosas a la vez. Cada página de pueblo dice cuáles predominan en su municipio.

Cómo trabajamos

Medimos Pedimos autorización Instalamos Probamos

1

Medimos

Dentro, fuera y en el tejado, con medidor. Si no hay nada que hacer, se dice antes de empezar.

2

Pedimos autorización

A tu operador, por escrito y a tu nombre. Sin ella no se instala, y no pagas la instalación.

3

Instalamos

Antena exterior orientada, amplificador y antena interior. Media jornada.

4

Probamos

Medimos otra vez en el mismo punto y hacemos una llamada contigo antes de irnos.

FAQ

Preguntas sobre esto

¿Puedo poner yo la antena y llamaros solo para el resto?
Puedes poner tú una antena: una antena pasiva no emite y no necesita permiso de nadie. Lo que no se puede hacer por libre es encender el amplificador. Ahora bien, si la antena no está donde el medidor dice, el resto del trabajo hereda ese error.
¿Hace falta permiso de la comunidad de vecinos?
Si vives en un piso y la antena va en una zona común, sí: la instalación toca elemento común y eso se pide. En una vivienda unifamiliar, la antena va en tu tejado y es cosa tuya, salvo que la normativa de tu urbanización diga algo sobre elementos visibles en cubierta.
¿Se ve mucho?
Un panel es una placa plana del tamaño de un folio grande. Una yagi es más larga y se nota más. Casi siempre se puede elegir el punto para que quede en la parte de atrás; lo miramos en el diagnóstico, contigo delante.

¿Subimos a mirar tu tejado?

El diagnóstico es la medición desde el tejado, con medidor, y termina con un sí o un no por escrito. Cuesta 49 € y es gratuito si después instalas.

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